Taller de Poesía  
Toribio Wansidler
Quédate desnuda (XI)
Como a la playa dorada (XII)
Al alto balcón asomaste... (XIII)
Tu espalda se apoya en mí (XIV)
Se ha deslizado el plenilunio por entre las cortinas (XV)
Estás acostada al lado mío (XVI)
Te ví sentada (XVII)



Quédate desnuda (XI) [Arriba]

Quédate desnuda, por favor...
Quédate desnuda esta noche,
con tus senos fríos
sobre mi pecho,
y tu vagina ensortijada
en mi miembro.

Quédate desnuda esta noche
para que te bese,
para que te lama,
para que acaricie con mis labios tus pezones,
o marque el orillo de tu cuello,
como cuando éramos jóvenes
y estaba todo el fuego.

Quédate desnuda esta noche,
sólo con nuestra alianza
y el rimmel que agranda tus ojos negros.
Quédate desnuda esta noche
suelta, serena, libre...





Como a la playa dorada (XII) [Arriba]

Como a la playa dorada
las suaves dunas hermosean,
así a tu cuerpo, tus fágiles senos.
Inútil
en las dunas esconderme...
Imposible
tomar tus senos con mis manos...
Son pequeñas curvas
tenues,
suaves,
delicadas,
princeladas maestras
que a tu cuerpo embellecen.
El ocaso acaricia las dunas.
Así mis labios...





Al alto balcón asomaste... (XIII) [Arriba]


Al alto balcón asomaste,
desde la vereda, tus piernas...
Tus piernas
que mil veces he besado;
que recuerdo,
milímetro a milímetro.
Mis manos
las reconocen palmo a palmo,
y a mis dedos,
no les quedó lugar no acariciado.
Mi lengua ha gustado de todos sus sabores,
mi cuerpo las ha sentido entre las suyas.
¿Cómo podría olvidarlas?
¿Cómo he soportado tanto tiempo,
sin acariciarlas?
                                 El alto balcón...
                                                                  La vereda...




Tu espalda se apoya en mí (XIV) [Arriba]


Tu espalda se apoya en mí.
Tu nuca, tus cabellos, mis labios acarician.
Inclinas tu cabeza hacia atrás,
sobre mi hombro.
Te abrazo, apretándote los senos;
mi boca sabe del amargor de tu oído.
Presionas mi pubis
y mi pene enardecido
roza
los labios cerrados de tus glúteos

Abrazados nos dormimos...
Nos dormimos soñando...
Soñando...
                                                        ... juegos prohibidos




Se ha deslizado el plenilunio por entre las cortinas (XV) [Arriba]


Se ha deslizado el plenilunio por entre las cortinas
y de soslayo en la penumbra
observo de tu cuerpo su perfil,
como el gesto único, eterno y quieto,
de las olas llegando al final.

Veo tu rostro, adivino tus labios,
tu mentón, la perfecta nariz,
tu cuello, y los cabellos que siento en mi boca.
Tus senos,
tu abdomen,
tu pubis,
y despues la obscuridad,
como noche sin estrellas,
como horizonte nocturno de mar...

En mi boca,
el gusto agrisalado
por haber esas olas...
                                                  ... besado.




Estás acostada al lado mío (XVI) [Arriba]


Estás acostada al lado mío
con tus senos enfrentados, hacia el cielo...
Las curvas de tu cuerpo se asemejan
al paisaje donde yo he nacido.
Esas curvas
suaves e insinuantes
que parecen gestadas por caricias milenarias
del viento cálido del norte.
Quisiera acariciarte,
pero tú aprietas tus piernas,
retiras mi mano cuando te toco.
No dejas
que mis labios besen tu cuerpo
y mucho menos
que mis manos aprieten tus senos.
Pero estás al lado mío,
como ella, inamovible;
como ella, llena de misterios;
de días de soles y de noches frías...
Cerremos los ojos.
Es de noche y hace...




Te ví sentada (XVII) [Arriba]


Te ví sentada,
cruzada de piernas y desnuda.
Parecías
una estatua de Pujía
y el "punctum" de Barthes
                                                   era tu pie.
Genuflexo
ante toda esa belleza aceitada con almendra,
                                                                                      lo besé,
y fui subiendo
hasta el gozo de lamer entre tus piernas,
para besar tus senos desde adentro...
Hoy, que este ardor ya no existe,
y nuestro amor se reduce a acompañarnos,
seguimos durmiendo lado a lado,
como ensayando
                                 la pose
                                                 del ataúd...
¿Sabes?
Aun guardo en mi memoria
el sabor a madera
                                   de tu orina.

"Te mando un beso desde adentro de tus piernas"
Mariano Oberé (Disfraces silenciosos, página 32)