Taller de Poesía  
Dora Cardó de Paletta
Patria elegida
Argentina
Pausa
Quietud
Tiempo



Patria elegida [Arriba]

¿Qué naufragio feliz
me encalló en tus arenas
como a una barca vacía?

Un viento pretérito
me recitó tu historia
y me encumbró,
para ofrendarme,
la vastedad
de tu belleza.

Gozosa te develé
en museos y catedrales.
Te perseguí
por infinitas calles.
Te respiré en balcones
y en jardines.

Hasta que pude
nombrarte mi estirpe
y silenciosamente
me engendraste.





Argentina [Arriba]

Aunque tuyo es el vientre
yo te canté alabanzas
como a una niña.

Te transporté en los ojos
más allá de aguas extensas
para mostrarte,
húmeda y oferente,
como una esperanza.

Te auguré el sol y los frutos,
la preñez y la hidalguía.
Demasiados los caudales
para serte perdonados.

Porque..., ¿ a quién estremeció
el inicial sollozo?
¿A quién le duelen
el espantado asombro
y la curva en tu espalda?

Como pájaros emigran tus hijos
hacia remotos orígenes
donde rubias nodrizas
perecían de hambre.

¡Dios te salve, Madre mía!
De nosotros..., ingenuo sería
que esperaras.


Pausa [Arriba]


Me he detenido en lo alto
sólo un instante
a declarar
que el viento ha sucumbido.
Que el camino no fue dócil
mas no eludí ríos vehementes
ni desdeñé taciturnos lagos.
Que he humillado a la tormenta
y me he tendido en la paz,
pero no me he perpetuado en la quietud.
Que aún espero trascender
tras la brevedad de este peldaño
amanecidos senderos demandantes.

Por el valle
donde el verde estalla en tiernos brotes
una niña pasa...
Sobre estas rocas posaré mi esencia
para que pueda reclinar sobre ella
su cabeza de pájaros fugaces.




Quietud [Arriba]


El alma, despojada
de anhelos ancestrales
se apacigua en la asombrada
premura del ocaso.

Despunta el silencio
envuelto en gasas áureas
y se eterniza
en un océano sin olas.

¿Quién podría buscar
tras diáfanos y dorados flameos
las brumas suspendidas
en el tiempo?

Yo, que me empeño
en hacer de cada gozo
una elegía.




Tiempo [Arriba]


Está
cómo impedirlo
también en esta calle.
Se percibe
en el paso duplicado
de los perros
en las rejas oxidadas
en los regresos
al atardecer.
Suele tras lo bello
mentir ausencias
pero lo delatan
las alas secas del otoño
o los aromas de octubre.
Artífice o culpable
se ufana en los vientres
venturosos
se avergüenza
en la lozanía distante.
Le gusta atesorar
ausencias
amores
odios...
Y al fin alza su voz
en defensa del olvido.
Justo es decir que a veces
puebla con flores los balcones.
Otras
cierra postigos para siempre
y no se le perdona.