Taller de Narrativa  
Patricia Moltedo
Doméstico entrevero


Doméstico entrevero [Arriba]

Al principio, todo fue como siempre: ella en el mismo lugar.

No, no todo era igual. Ella estaba cada vez más vieja, más desgastada, más rajada, más dura, más sonora.

Tal vez, más resentida.

En muchas oportunidades, infinitas, fui a abrirla y la cerré.

Fui y vine. Vine y fui. Por lo que fue sorpresivo su ataque.

Exactamente, fue así: traté de tomar el picaporte y ella respondió clavándome... La uña, dirá usted. Pues, no. Me clavó, justo entre mi uña y el dedo, aquella chapita que desde siempre lleva.

Otro día, traté de entrar, y no pude. Empujé, empujé... Nada. Hasta que aflojó. Y como en una chanza, pasé volando.

Lo peor fue cuando olvidé su postigo abierto y casi guillotina, con su vidrio, a mi perro,

Por supuesto que desde tiempo atrás, venía yo comentando mi deseo de cambiarla.

No hacía falta más. La cambiaría.

Esa puerta, floja, rajada, fuera de escuadra y oxidada, debía ser cambiada.

Ya.