Taller de Narrativa  
María Dolores Carballo
RECUERDO (Fragmento)

 

 


RECUERDO (Fragmento) [Arriba]
 

Y ese fuego interior, irradiando a la mente, luz, ¿de dónde le viene?
Encontrar la idea de orden, de sentido, de comunión (¿comunicación?), de justicia.
Se despertó de noche. Todos dormían. Su cama estaba debajo de la ventana. La oscuridad que se extendía desde el otro lado, avanzaba, pero era impenetrable a su razón encendida. Ya no pudo dormir relajada. La idea quemaba.
La ocurrencia clara de que este mundo suyo tiene una explicación. El bochornoso destino irresuelto de sus padres no quiere que le afecte. Ella no los puede ayudar. Ella sólo puede tomar distancia. Ella tiene su propia vida.
Ella se hizo un vestido de broderie con flores y ramos; con ingenio acondicionó zapatos de charol. Qué vergüenza la primera salida con las chicas y los chicos. Alguien señaló con prepotente seguridad algún detalle de la vieja carterita que había arreglado. Qué horrible vergüenza. Ahora, en la distancia del tiempo, qué ternura ayudar, comprender, asegurar. Qué linda la presencia protectora de una mamá compañera.
Nadie estaba para verla bien, para decirle: "Ponéte estas medias, peináte con el cabello suelto, pintáte apenas los labios, usá este perfume de violetas". Pudo haber sido por ver tantas historias felices en la televisión o leer tantas veces Mujercitas.
Cayó en la cuenta de su situación: "sola ante el crecimiento", "mujercita sola", "mujercita linda y sola y desprotegida".
Se ha encontrado sin el apoyo de un saludable criterio: francamente desconcertado el cuerpo. Y este nuevo vestido oscuro, sencillo, la protege. Un poco de descuido y fealdad también protege, da cierta libertad estereotipada. Mejor contener la cascada, dientes de cristal al sol, y aunque lance una sonrisa desde lo alto, hay que colocarle un cauce de piedras.
A medida que crecía la idea, el cuerpo se hizo un nudo como de globo inflado, retorcido.
Sus ideas aun se volvieron tan bellas como su cuerpo pudo ser. Evitó los espejos, descartó posibles cuidados exteriores. Leer y meditar le bastaba.
La escuela secundaria. Nadie la conocía y cómo buscar reconocimiento. El cuerpo engordado y de la dulzura a la tristeza, hubo apenas un suspiro.
Un freno apoteótico paraliza sus extremidades y sus movimientos ¿Quién me está mirando?
¿Querer una explicación? La hay, seguro que la hay. Tantos años han pasado, van pasando para poder explicarse... Algo bueno se le negó, asfixiando lo que en ella había de nueva; agua fresca, cristalina, refrescante. Pero en ese entonces iba sola, con un instinto certero que sacrificó a la pobre personita para poder sobrevivir, seguir avanzando...
A aquella época le coloca el color amarillo, como un golpe de sol que encuentra a los ojos desprotegidos para poder enfrentarlo.
Se inventó una altura para subir y ver de lejos alguna crueldad injustificada que pudiera dañarla. Bajó silenciosa, del otro lado, por una colina penumbrosa que le sirvió para descansar y protegerse.
La foto grupal de primer año: la cabeza ligeramente inclinada, el cabello castaño, suelto y ondulado, el pulóver azul hasta la cintura sobre el guardapolvo blanco. Un poco la carita sobre el costado izquierdo. Hay algo de lucecita en la leve sonrisa.
La foto grupal de tercer año: tajó el cabello, que había sido largo, a la altura de la mandíbula. Algo bizarro. Grandota, se hizo grandota..., para poder soportar.
Por la noche avanzan los miedos. Ve perfectamente su realidad débil. Es necesario dormirse sobre los brazos de una plegaria que sostenga los sueños.
Durante el día, alguien anda sacando fotos instantáneas con una máquina que paraliza los movimientos. ¿Quiénes me están mirando? ¿Quién está juzgando?
Ante tanta disolución, sólo la Suprema Idea, el Supremo Motor Creador podrá sostenerla.
La Idea sola. Ida hacia un camino en la fe, seguro. En el cruce de un momento, por otro lado va solo un pequeño corazón inmaduro.

En tres oportunidades, durante aquel año 1974, viajó hacia el centro de la provincia de Buenos Aires: Azul. Buscó en la guía Peuser. Desde estación Constitución, ramal Roca.
Recuerda aquel primer viaje. De reojo y tanteando se sorprendía: la monotonía de la pampa. En su soledad encapsulada leía libros de puras ideas y algunas plegarias bien intencionadas.
Bastan cuatro horas de reiterada y cinematográfica pampa para salir al interior: Azul. "Este es mi país", pensaba.
La Idea, un modo de ver bienaventurado.
La llegada a Azul, al oscurecer. Algunas luces delimitaban la estación de ferrocarril. De allí a un taxi por la ruta tres. El taxista la ve demasiado joven, demasiado seria. Silencio.
Cómo es posible que un perfil semejante emerja de la achatada y salvaje planicie pampeana. Tal mole extendida. Implante clásico, edificio orgulloso y vetusto, tan desvergonzadamente extranjero, europeo y apostólico romano. Un lugar de retiro.
Idea impresión: lo mejor es mantener la línea de ingenua confianza, ya que hasta aquí ha llegado.
Tintinea la luz de la Idea. Esta tristeza del lugar acorrala un poco a la inteligencia iluminada. Pero aquí estará bien contenida toda naturaleza contradictoria.

En la vida, las contradicciones se fueron aflojando como nudos desamarrados. El corazón fue un capullo, luego rosa laberíntica, siempre perfumada. La foto paralizante se hizo escena laboriosa y creadora. Siembra palabras en terrenos resecos, abre cuencas por caminos inundados para que se yergan palabras: ser, dignidad, amor, fe. Se descubre de nuevo el significado. Estampa sentimientos acelerados, en reposadas postales. Tira las redes a un mar que le devuelve canciones que siguen acariciando el corazón, y al ritmo de los brazos extendidos, vuelve otra vez al mar las redes: incansable.

- ¿Está Luisa?
- Está descansando ¿Quién le habla?
- Desde Buenos Aires. Soy Sonia, ella fue mi compañera, hace muchos años, en la Comunidad.
- ¡Sonia! ¡Qué sorpresa! ¿Te acordás de la enfermedad, la operación hace treinta años...? En junio de este año volvió a aparecer, en los pulmones. Estoy muriendo. Anteayer creía que ya me iba. ¿Viste todo lo que está pasando, qué mal está la gente, los jóvenes? ¿Es el orgullo que lleva a perderse...? ¿Vos cómo estás?
- Bien... Es la vida. Quién puede y quién no puede encontrar su verdadera felicidad. Sí, Luisa, te recuerdo con tanto cariño. ¿Te acordás en la casa de la calle Vicente López? Cuando leíamos a Papini y los libros sobre el ejercicio de la voluntad. Y nos reíamos tanto… Quedáte tranquila, leve, todos te queremos.

La fe fue su pasión. El sentido de su verdad. La donó con alegría a los demás.
Recordará aún épocas recluidas de su vida de jovencita, rescatará la presencia decidida e impetuosa, firme y alegre.

Cruzamos estos días el puente y desde ambos lados nos acercamos, para despedirnos con cariño. Y es un nudo en la garganta que se afloja en lágrimas de ternura.