Taller de Narrativa  
Alex Engelland

La Metamorfosis de las Plumas
Sólo un juego más



Sólo un juego más [Arriba]

Era esa su obsesión: mirar los aviones. Sentir que se desplazaban por los cielos con una gran devoción. Los imaginaba como águilas que en sus alas llevaban un dejo sibilino y guardaban en sus pulmones el vértigo de la cumbre.

"Volar, lo único que pido", y disfrutaba fantaseando con ello. El paroxismo de ese sentimiento lo hacía cubrirse con una sábana blanca y agitar los brazos, intentando planear para sumergirse en un viento fuerte que lo arrastraba, como él mismo decía, en un: "desierto resolano, pero muerto en flora". También prendía el ventilador. Entonces la corriente lo arrastraba más allá: cruzando el océano, hasta aterrizar en el campo.

Caía la tarde. Vio unas líneas que se desprendían de su cuerpo como si fuesen una extensión de sus brazos. Las sintió como alas. Creyó que el gran momento había llegado. La mutación. La evolución de su ser. La libertad.

Divisó también jocosas figuras blancas: sus compañeras que emigraban al sur y jugaban con la suavidad de su piel. Le gustaba ese cosquilleo. Disfrutaba. Gozaba.

Se acercó un ave amiga. O por lo menos, así le pareció. Grande. Daba la sensación de estar arrugada. Se miraron y por fin su compañera habló:

- Sáquenle los cables, llevémoslo a terapia intensiva, antes que….

Ya no pudo escuchar más. Lo invadió el pensamiento de la ventana. El salto. La sensación. Y con cara sorprendida, cerró los ojos.





La Metamorfosis de las Plumas [Arriba]

Enfermedad de no saber escuchar.
De ser agresivo y herir. Deforme como el que no sabe lo que quiere.
Exhausto de peleas que siguen por esta misma ruta. Ser cohete chocando contra una pseudo-libertad golpeada.
El plan, el plan, seguir el plan, seguir siendo infeliz y casarse con la duda que espera en un colchón de pluma de cisne.
Insultar sobre esta condena atemporal. Consumirse en una habitación negra. Ser amante secreto de una escopeta y conocer su fuego aniquilando luces oscuras.
Buscar la lluvia en un bosque taciturno y perezoso. ¿Cuántas veces las flores no dejan ver el ojo de la tormenta? Y Thor se compadece creando arroyos de agua escandinava.
Apégate al plan…, no mates al cisne aún. No abandones tu guerra…
Tu esencia la descubres en el espejo. Se aprecia la profundidad de los ojos y su conexión mística con el alma, cuya luz sombreada es disparo… Las balas atraviesan dolores, eras históricas, civilizaciones.
Despiertas, casi inconscientemente, a los pies del volcán Vesubio, y los pompeyanos te invitan a que ardas con ellos.
Apégate al plan…, hazme caso. Al cisne desplúmalo. Atesóralo en tu memoria y borra su imagen del retrato; que sólo exista el fuego…, y la lluvia sea su armonía.